¿1+1=3? Los abogados y la creación de valor añadido para el cliente a través de alianzas internacionales

Como consecuencia de uno de los últimos proyectos profesionales en los que me encuentro embarcado, se han planteado diferentes debates jurídicos y empresariales con aquellos interlocutores con los que mantenía la conversación.

Y es que nadie discute que el sentido o intención de toda pertenencia a una alianza o asociación internacional, red de abogacía si se prefiere denominar así, es obtener algún tipo de rédito por parte de aquel abogado que se une a dicha alianza. El beneficio del abogado, en  mi opinión, podría plantearse en una doble vertiente, de un lado el personal, de otro el profesional. ¿Cuál pesa más?, lo desconozco, pero dependerá de cada supuesto.

Sin embargo el debate jurídico que ha surgido como consecuencia de uno de estos proyectos personales, pasa por concretar si la membresía a alianzas de abogados de carácter internacional o nacional, es capaz de generar o al menos podría ser tendente a la creación de valor añadido para nuestros clientes.

Son muchos los abogados que mantienen, no sé si la mayoría, o ponen en tela de juicio que el mero hecho de pertenecer a una asociación internacional genere a su miembro algún beneficio a nivel de despacho, más allá de pagar una cuota o membresía relativamente alta- dependiendo de la asociación.

Esto último es un elemento sobre el que no se debe de centrar el actual debate, porque como bien sostiene algún compañero, todo dependerá del trabajo que realices en pos de generar esas sinergias comerciales.

Lo que parece menos discutible, es la ausencia de creación de valor añadido a nuestros clientes como consecuencia de la pertenencia a dichas asociaciones internacionales. Esto es, ¿genera algún tipo de valor añadido, beneficio o provecho a mis clientes el hecho de que me una a una red de abogados internacional o nacional?

Y me refiero a un valor añadido que vaya más a allá de una reputación profesional indiscutible, generar una red de contactos internacionales con acreditados abogados, que por descontando ofrecerá un valor añadido a mis clientes en caso de intereses en otros países, o gozar de determinados conocimientos profesionales que de otra manera no habría obtenido.

¿Pero, y existen otros beneficios posibles de los que mis clientes puedan sacar provecho?

Es mi opinión que desde luego esto es posible y por qué no, del todo necesario – no en todos los supuestos, pero si factible y ejecutable respecto a gran parte de las uniones profesionales.

De aquí viene la disparatada formula aritmética que se propone como título de este artículo. Y es que debería ser ciertamente enriquecedor el hecho de que un abogado pueda sumarse a una asociación o red de la abogacía, pero no parece lógico perder de vista que esta nueva unión debería de aportar nuevos elementos de valor para mis clientes.

La forma y modo son precisamente aquellas que cada uno deberíamos de encontrar adaptando las necesidades de nuestros clientes al leitmotiv de la red de abogacía a la que me una.

Esperando pueda ser de interés, el debate desde luego ha sido ciertamente enriquecedor, atentamente.

Alejandro Rey Suañez

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